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Archivos de: Diciembre 2006

EL NUEVO AÑO

por amagomis @ 2006-12-29 - 12:06:48

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Estamos a un paso de las celebraciones rutinarias del cambio de año. Si han cambiado ustedes de residencia, de pareja, de trabajo, de ideología, de religión, de médico, de coche, de sexo, entonces ustedes comienzan de verdad un año nuevo. Si no es así, todo será igual que el anterior.
Cada año que pasa queremos creer que somos un poco más maduros, más atractivos, más experimentados. Pero lo que somos es más viejos, más canosos y más puteados por la vida. Nos empeñamos en hacer de cada año acabado un año nuevo, de cada remiendo un vestido a estrenar, de cada desenlace un prólogo. Y lo hacemos porque necesitamos fingir que renacemos cada fin de año de nuestras propias cenizas (como el ave fénix), que no perdemos la juventud del todo, que algo queda, que detrás de la última puerta puede haber un principio. Es nuestra manera de resistir (de soportar) año tras año sin que, en realidad, nada cambie.
Al nuevo año le pedimos todos los años las mismas cosas. Lo cual quiere decir que nunca se cumplen del todo nuestras expectativas, nuestros deseos, si acaso algunas migajas de felicidad comprable (iva incluido) o un poco de suerte en los negocios. El campesino mira al cielo, esperando cosecha, y el urbanita mira hacia los altibajos de la Bolsa, esperando lo mismo. Pero los dos esperan poco, porque las grandes esperanzas sólo existen para los ciudadanos corrientes en los libros y las películas. Son los gobiernos los que tienen la última palabra, los que manejan cifras macroeconómicas y deciden cuando es conveniente decir que el país va bien y que todos debemos alegrarnos. Sepultando en la tumba del olvido a los parados y trabajadores en precariedad temporal, como hacían los faraones egipcios, que enterraban vivo a todo el personal de palacio, lo cual es una manera excelente de reinicializarse, de hacer borrón y cuenta nueva.
Pero lo más recomendable, para no llevarnos dolorosos desengaños en el nuevo año, es conformarse con lo habido y lo sido en el anterior. Como aquellos tuertos que fueron a Lourdes en busca de un milagro y, viendo pasar a un grupo de ciegos, se pusieron a gritar aquello de "Virgencita, Virgencita, que nos quedemos como estamos". En fin, ya me entienden.
Cada año, también, de una manera maquinal se pide y desea paz. Se pide y desea de un modo indeterminado, abstracto, ideal, puro, espiritual, incluso idiota. Como si la paz fuese una concesión de Dios o del destino, que se alcanzase por vía del milagro o la casualidad. Pues no es así. La paz hay que pedírsela (mejor exigírsela) a quienes tienen, aquí en la Tierra, más poder sobre la vida ajena que Dios o el destino, me refiero a quienes manejan armas y las usan o las guardan vigilantes amedrentando a los ciudadanos pacíficos.
Bueno, esperemos que este año que comienza, y que pronto dará sus primeros torpes pasos, no ocurra nada peor y que siempre quede un puente o un istmo en nuestra vida, que nos permita avanzar sin quedar aislados del resto de la gente, del resto de los ciudadanos. Y que juntos, al menos, caminemos…

Amado Gómez Ugarte


 
 

EL MANDO

por amagomis @ 2006-12-26 - 18:52:32

Sólo hay dos posibilidades: mandar o ser mandado. La inmensa mayoría de los ciudadanos tenemos que conformarnos con ser mandados, dirigidos, encauzados, conducidos por las rutas y vericuetos políticos, sociales, culturales y económicos que otros han trazado para nosotros. Nos consultan como mucho cada cuatro años, cuando hay elecciones, y el resto del tiempo nos dan órdenes. Quieren que seamos buenos estudiantes, buenos trabajadores, respetuosos y obedientes, gente formal y moldeable, que aceptemos el juego de poderes, ideado por ellos, que nos sitúa siempre en desventaja ante los que mandan. Porque, si nos saltamos las normas, pasamos a ser un peligro público, basura social, delincuentes comunes, miseria moral. Sin embargo, los que ostentan el poder nunca son tratados como vulgares delincuentes, rateros, chorizos. Para ellos existen términos jurídicos más finos, discretos y elegantes, como son la prevaricación, malversación de fondos públicos o el uso de información privilegiada. Lo suyo no es nunca un robo sino un desliz, un tropiezo, una irregularidad. Y, al final, como mucho, pagan la fianza con el dinero que les sobra de sus especulaciones financieras.

En el fondo, todos queremos mandar, hasta los que simulan conformidad y sacrificio de sus intereses en pos del beneficio general. Mandar es un placer genial, sensual. Debe ser muy satisfactorio y provechoso eso de mandar, ordenar, dirigir, gobernar, ostentar el poder. Decidir cuál es el rumbo, las directrices que todos deben seguir, llevar el cayado guiando a tu pueblo y conseguir que se abran las aguas, o que muchos crean que se han abierto aunque se ahoguen. Manejar los hilos que mueven las marionetas. Subirse a un púlpito a salvar almas o a un estrado a salvar votos, que a veces parece que la política y la religión vienen a ser lo mismo. Ser el elegido por la mayoría para presidir un consejo de administración, un club de fútbol o un país. Por desgracia, el único mando que ejercemos los mandados es el mando a distancia del televisor. Eso si nos dejan en casa, porque en casa siempre hay alguien que manda más que nosotros.

Amado Gómez Ugarte

EL HOMBRE OVEJA

por amagomis @ 2006-12-19 - 17:38:23

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Se habla mucho de los hombres lobo y muy poco de los hombres oveja. Y, sin embargo, lo que más abunda son los hombres oveja, que resultan mucho más dañinos, porque son reales, terriblemente ciertos y mortíferos para la especie humana, para la inteligencia de la especie humana, quiero decir. Y que conste que no tengo nada contra las ovejas, sufridas hembras del carnero y madres de corderos y borregos. La utilización que hago de su nombre es nada más que un simbolismo, un tropo. Pero sirve muy bien para alegorizar ciertas actitudes humanas de gregarismo colectivo, que ya fueron definidas por filósofos como Max Horkheimer y Theodor Adorno, cuando hablaban de los conformistas, que prefieren vivir obedeciendo órdenes antes que afrontar las dificultades cotidianas.
Al hombre oveja le gusta asociarse, saberse parte de una masa social. Para realizarse como persona, necesita sentirse pueblo, nación, integrante de una totalidad: cifra de una estadística, palabra de un discurso, gota de lluvia en un chaparrón. Es candidato inagotable a todo tipo de asociaciones: plataformas, agrupaciones, sindicatos, federaciones, cofradías, pandillas, mesnadas, peñas, comités, asambleas, tropas, sectas, etc. Es el ser menos independiente del mundo, aunque pertenezca a algún grupo independentista. Se le maneja en rebaño. No tiene opinión propia ni propiamente opinión. Se mueve por consignas y dictados. Firma donde haya otras firmas, grita cuando gritan los demás y calla cuando impera el silencio. Le encanta asistir a manifestaciones patrióticas, mítines políticos y campos de fútbol, allá donde muchas gargantas corean reiterativas las mismas frases hechas. No lee. Viste y calza según la norma indumentaria de su estado social y de su congregación ideológica. Y piensa, porque se lo han sugerido, que los que no son como él, de su misma raza, partido político y equipo de fútbol, son enemigos propios y del sistema. Incluso enemigos a batir.
Si dejamos que los hombres oveja dominen nuestras ciudades, la humanidad acabará convertida en una masa uniforme, un horrible monstruo totalitario que atropelle toda divergencia que le salga al paso. Da escalofríos sólo pensarlo. ¿Seremos devorados por los hombres oveja?
Amado Gómez Ugarte

LA LOTERÍA

por amagomis @ 2006-12-18 - 08:59:44

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La lotería es la manera que tenemos los pobres de soñar con la justicia social. Apelando a la suerte, que es el último (y el único) recurso que nos queda, abandonados como estamos en este sistema económico neoliberal, diseñado para que se enriquezcan más los que más tienen. Dependemos del capricho de la fortuna para conseguir lo que los ricos ya poseen desde la cuna y los chamarileros de las finanzas logran sin esfuerzo en negocios sucios. Soñamos con un milagro mejor aún que la multiplicación de los panes y los peces: conseguir multiplicar los euros con un simple billete. Por eso compramos los números para el sorteo de Navidad como quien compra sueños o nubes, que es lo mismo. Esos boletos lo son todo y no son nada. La posibilidad remota, pero hermosa, de pagar el piso, de cambiar de coche, de darse de golpe todos los caprichos que uno tenía anotados en la lista de imposibles. De todos modos los tiempos van cambiando. Antes, uno de los mayores gustos que imaginaba la gente en caso de que les tocase la lotería, era el de mandar a su fastidioso jefe a hacer puñetas. Ahora, el sueño consiste en utilizar el dinerito para emprender algún negocio, meterse a jefe y dedicarse a fastidiar a los demás.
Pocos son los que no caen en la tentación de adquirir algún número y convertirse en potenciales nuevos ricos. La lotería es equitativa, como la muerte, puede tocarle a cualquiera, sin distinciones de sexo, raza o religión. No hace falta ser siquiera buena persona, los tiranos tienen también posibilidades. Incluso llegó a tocarle a nuestro nefando dictador Francisco Franco, que se ganó en su tiempo casi un millón de pesetas, que entonces era mucho. De modo que es difícil no caer en la tentación y dejarse llevar por la esperanza de encontrar en un pedazo de papel con una cifra impresa, la piedra filosofal.
Otro de los factores que influye en la venta masiva de lotería es el miedo a que les toque a los demás. Eso de pensar por un momento que todos los compañeros de trabajo o de club o de asociación se hagan millonarios y uno se quede con cara de idiota mientras los otros brindan con cava, es la peor de las pesadillas. La felicidad ajena nos hace menos gracia que la propia, y el dinero lo preferimos en nuestro bolsillo. No hay más que ver que lo único en que se ponen de acuerdo los políticos es en subirse el sueldo.
Buscamos en la lotería lo que la vida nos niega. En los tiempos actuales, el éxito y el dinero son la misma cosa. Obviados los valores morales y culturales, la medida de todo (incluido el arte y la literatura) es su beneficio económico. Si nos toca la lotería, aunque sea sin otro mérito que la simple casualidad, habremos alcanzado el éxito que nunca nos deparará un trabajo honrado.

Amado Gómez Ugarte

Le dije a Lady Di que no hiciera pipí

por amagomis @ 2006-12-12 - 19:52:47

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Maldita perra. Le había advertido mil veces que no estaba dispuesto a soportar por más tiempo su manía de levantar la pata en cualquier sitio y soltar su orina. Pero ella no hizo caso, y en la primera oportunidad que se le presentó, volvió a hacerlo. La monja nos estaba vigilando, como todos los días. Perseguía con la mirada nuestro paseo matutino a lo largo del jardín del sanatorio. Yo llevaba a Lady Di sujeta a su correa imaginaria, porque me habían prohibido sujetarla del cuello con una cuerda de verdad, y ella correteaba a cuatro patas olisqueando los geranios y lamiendo el agua de los charcos. El día estaba claro y la temperatura de abril era agradable. Los compañeros de paseo no se acercaban a nosotros, porque temían que la perra les orinase en la pernera de los pantalones, como era su costumbre. Einstein nos seguía a unos pasos, con precaución, relativizando las distancias. Borges contemplaba ensimismado su aleph, que era un minúsculo espejito de baño, y presumía de estar viendo reflejado en él el mundo entero con todas sus criaturas reales e imaginarias. Emily Dickinson iba repitiendo su frase favorita: "Objeta y serás peligroso de inmediato, asiente y serás cuerdo". Marcel Proust se quejaba del desayuno, porque servían café con leche en lugar de té para untar las magdalenas. Y Mia Farrow le lanzaba escupitajos a un tipo que tenía un cierto parecido con Woody Allen. Pero nadie se nos acercaba. Lady Di se detuvo un momento y todos detuvieron su paso. Luego, volvió a andar y todos caminaron. La monja parecía uno de esos seres satisfechos, que como no han conocido nada de la vida, ni el sexo ni el dolor, ni el hambre ni el odio, se sentían felices en su ignorancia pensando que los demás éramos unos seres viles, carcomidos por el pecado, por los que sentir piedad y tal vez un poco de repulsión. "No se detengan", gritaba. "A paso ligero, hagan ejercicio que les vendrá bien". Dios iba el último de la fila, vestido con ropas de mujer y unos zapatos de tacón con los que apenas sabía andar, dando constantes tropiezos. "Hay que saber estar con los tiempos", murmuraba con resignación. "Ahora Dios es una mujer". Fue entonces cuando la perra se revolvió, librándose de la correa, y salió a toda prisa en dirección a la monja. Nada más llegar junto a ella le orinó sobre el hábito. Sor Teresa se quedó inmóvil, como petrificada, no supo reaccionar mientras la perra le vaciaba el contenido de su vejiga. Durante un momento parecía que el mundo se hubiera detenido. Nadie se movía. Hasta los pájaros cesaron de cantar. Luego se escuchó el grito de horror. La monja sufrió un ataque de histeria y otras monjas aparecieron en el lugar. Lady Di fue reducida de inmediato. La encerraron en el cuarto oscuro y nunca más supe de ella. A mí, que era su dueño, me condenaron a pasar el resto de mis días con una tipa con cara de caballo que decía ser Camila Parker Bowles.

Amado Gómez Ugarte

CIUDADANO EJEMPLAR

por amagomis @ 2006-12-06 - 09:52:07

Te ocupas de tu hogar, de tu trabajo, de los ascendientes que de ti dependen, de los descendientes que de ti dependen, haces con resignación la declaración de la renta, pagas el IVA en las facturas, votas aunque sea sin muchas ganas, has dejado de fumar, le abres la puerta del portal al cartero que sólo te trae facturas y malas noticias, no aparcas en doble fila ni en ninguna fila porque no hay manera de aparcar, no le miras el escote a la cajera del supermercado o se lo miras muy poco, compras de vez en cuando un libro como quien da limosna para que los escritores no se mueran de hambre, te molestas en leer en el periódico algo más que las páginas de deporte, acudes en ocasiones a las actividades culturales de tu municipio, aunque sean recitales de poesía, que te producen somnolencia y te dejan el cuerpo como desmayado para un buen rato, haces gasto equilibrado entre las tiendas del barrio y las grandes superficies para que todos tengan su parte del negocio, sabes usar el lavavajillas, la lavadora, la freidora, el microondas y si es necesario incluso la olla ultrarrápida, no escupes ni golpeas a los cajeros automáticos cuando están fuera de servicio, si conduces por la ciudad cedes en ocasiones el paso a los peatones en los pasos de cebra y no te saltas demasiadas veces los semáforos, si conduces en carretera no pasas de la velocidad permitida salvo que tengas prisa y no utilizas el teléfono móvil mientras conduces a no ser que te suene o tengas que llamar a alguien, en ocasiones sacas la basura en bolsas bien cerradas y a horas convenientes, no como otros vecinos que lo hacen siempre en bolsas rotas y a cualquier hora, te quedas dormido a menudo en el sillón viendo la tele pero no roncas demasiado, acompañas a tu mujer al ginecólogo e incluso a las tiendas de ropa femenina y esperas paciente, o al menos sin hacer aspavientos exagerados, mientras ella permanece minutos que parecen horas metida en el probador, cuando sale le dices que el vestido le sienta muy bien porque a ella todo le sienta muy bien y dices esto sin afectación, de manera que parezca sincero y verosímil, madrugas aunque sea sábado, domingo o fiesta de guardar y sacas al perro a dar un paseo y haces uso de los servicios de recogida de heces caninas sobre todo si hay alguien mirando, te palpas el bulto del estómago antes de tomar la cuarta cerveza y decides hacer deporte que es muy sano, no haces deporte pero lo intentas desde el sillón, eres un padre responsable y no hablas mal de los profesores de tus hijos delante de los niños y si éstos te han oído algún comentario inapropiado es porque tienen el oído muy agudo, procuras no emplear palabrotas ni groserías al hablar a no ser que te des con el martillo en el dedo o alguien te lleve la contraria, no te metes en política porque opinas que la política es cosa de fulleros y porque jamás te lo han ofrecido, ayudaste una vez a un anciano a cruzar la calle y nunca le has robado a un ciego. En definitiva, eres un ciudadano ejemplar y el mundo debería agradecértelo. Eso, al menos, piensas tú. Pero tu historia no interesa a nadie, porque lo que ahora importa, lo que la sociedad valora con amplios índices de audiencia, no son los ciudadanos ejemplares sino los sinvergüenzas, los canallas, que ocupan a todas horas la pantalla del televisor contando sin pudor y sin decoro la podredumbre de sus banales vidas y cobrando por ello más dinero del que tú ganarás nunca trabajando honradamente. Por eso, a veces dudas de si no serás un pobre tonto que nunca será nadie porque eligió el camino equivocado. Y te entran ganas de engañar a Hacienda, de atracar un banco, de ponerle los cuernos a tu señora, y luego contarlo todo en la televisión. En definitiva, de hacer algo inútilmente útil.

Amado Gómez Ugarte