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Archivos de: Enero 2007

CÓMO SERVIR AL HOMBRE

por amagomis @ 2007-01-25 - 15:45:59

Recuerdo un magnífico relato de Damon Knight en el que llegaban a la Tierra unos amables extraterrestres, trayendo grandes progresos médicos y científicos que ayudaban grandemente a la humanidad. Desaparecían las enfermedades y el hambre era erradicada, y todos los habitantes se ponían felices y gorditos. Se organizaron, al mismo tiempo, viajes espaciales de intercambio cultural, para que numerosos grupos de terráqueos pudieran visitar el planeta de los generosos extraterrestres, y los que obtenían plaza se sentían afortunados. Todo maravilloso. Hasta que uno de los complacidos candidatos al viaje de intercambio, experto en lingüística, se apropió por curiosidad de un libro que llevaban los extraterrestres, escrito en su extraño idioma. Cuando logró descifrarlo comprobó que se titulaba: "Cómo servir al hombre". Lo único malo es que al seguir leyendo descubrió que se trataba de un libro de cocina.

Amado Gómez Ugarte


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Editorial Verbigracia
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A la venta mi nueva novela EL ÚLTIMO MONO

por amagomis @ 2007-01-11 - 16:28:02

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Ya está a la venta mi nueva novela EL ULTIMO MONO.
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Sinopsis de “El último mono” de Amado Gómez Ugarte

Santos Gómez en un encontrador de buscados. Él se define como una especie de arqueólogo que ahonda en lo aparente en busca de la verdad. Malvive en una pequeña oficina en las afueras de Bilbao y su vida es un callejón sin salida desde que hace doce años falleciese su mujer, cuyo recuerdo no ha podido desterrar. Es un perdedor, un borracho, un malhablado, un don nadie: el último mono. Un día recibe por teléfono el encargo de encontrar a una mujer desaparecida, que resulta ser la cuñada del candidato a alcalde de Bilbao de un partido nacionalista vasco. La trama se va enredando en un disparate constante. Se traslada a Madrid en busca de la mujer y durante ese viaje se hace cargo de un anciano que se ha perdido, tal vez voluntariamente. Acompañado del abuelo deambula por las calles de Madrid conociendo a una serie de personajes variopintos, que van empujando la trama de la novela hacia su desenlace. Todo es humor. La novela se convierte en una crítica mordaz y humorística de la sociedad, descarnada en ocasiones, puede que incluso tierna en otras. Una narración que utiliza el género policiaco como camino para contar muchas otras cosas.

Hoy, nada

por amagomis @ 2007-01-09 - 09:08:26

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Hoy no me apetece hablar de nada. O, tal vez, simplemente no tengo nada que contar, ningún tema concreto con que ocupar estas líneas que tal vez nadie lea y nada importen. Y se me ocurre que lo mejor será empezar nombrando a Cesare Pavese, el gran escritor italiano, que en su diario íntimo, titulado "El oficio de vivir", ocupa el espacio dedicado al 25 de abril de 1936 con un escueto, significativo y rotundo: "Hoy, nada". Y de tamaña sencillez, concisa y profunda, exenta de toda tentación retórica, se extrae una magna lección que nos enseña que cuando no hay nada que decir lo mejor es no decir nada. Recuerdo también un poema de José Hierro que concluía: "Qué más da que la nada fuera nada,/ si más nada será, después de todo/ después de tanto todo para nada".
Sin embargo, tenemos la manía de llenar los huecos de nuestra vida con palabras que nada dicen, quizás por temor a esos silencios que dicen tanto. Y así nuestras conversaciones, incluso las que mantenemos con nosotros mismos, están cargadas de vacío, de oquedades en forma de palabras, que expresan de modo rutinario nuestras sensaciones, sentimientos y pensamientos. Cuántas veces no habremos repetido a lo largo de nuestra vida las mismas frases hechas, no habremos leído en distintos libros la misma historia, soñado el mismo sueño imposible, pisado la huella de nuestro propio pie, caminado en círculo creyendo avanzar en línea recta. Y cuántas veces más tendremos todavía que hacerlo para acabar llegando al punto de partida, engañados por la creencia de que el tiempo nos transporta, cuando lo único que hace es transcurrir a través de nosotros, utilizarnos como asfalto de su carretera al infinito, como vía para perpetuarse él a costa de nuestra caduca existencia.
Hablar de nada es, como ya lo habrán interpretado, una contradicción. Algo así como intentar apagar con fuego un incendio o tratar de reanimar a un ahogado dándole un vaso de agua. Lo cierto es que yo no tenía hoy nada que decir, y en vez de seguir el sabio consejo de Cesare Pavese y escribir simplemente "hoy, nada", pues estoy aquí rellenando de nada y más nada la totalidad de este escrito. Pavese no fue capaz de superar la amenaza de la nada que pendía sobre su cerebro y se arrojó al pesimismo. Dijo: "Basta de palabras, un gesto. No volveré a escribir". Y se suicidó. Los demás no tenemos su lucidez y valor, y nos conformamos con seguir viviendo y escribiendo, posiblemente para nada.
Cecilia, aquella cantante que se hizo mito tras su muerte en accidente, cantaba una canción cuya letra decía: "Nada de ti, nada de mí, nada de nadie soy yo, nada de nada". Y tal vez tuviera razón, pues que solos nacemos de la nada y solos morimos (partimos) de nuevo hacia la nada, y la compañía que durante nuestra existencia nos consuela de la soledad y la nada es, querámoslo o no, otra soledad y otra nada en que mirarnos, aunque al mirar hallemos los ojos de la nada que nos devuelven la mirada. Pero siempre queda el consuelo de saber que la nada también se puede compartir, como estas palabras que hoy escribo para hablar de nada con ustedes o con la nada.

Amado Gómez Ugarte

LA FELICIDAD

por amagomis @ 2007-01-02 - 15:39:24

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Ahora que todos somos felices, es el momento idóneo para hablar de la felicidad. Los expertos no se ponen del todo de acuerdo sobre si la felicidad es un estado (de buena esperanza) o una esperanza (de buen estado), si se trata de una particular situación anímica, personal e intransferible, o puede compartirse con el resto del mundo. Tampoco está muy claro si ser, o creerse, feliz encierra un componente de generosidad y altruismo o por el contrario se trata de un acto de egoísmo, egocentrismo y soberbia.
No sé qué poeta ñoño y antiguo decía que la felicidad era un pájaro azul celeste que volaba camuflado en un cielo sin nubes. De modo que la felicidad resultaba no sólo inalcanzable, sino incluso invisible para los pobres observadores. Ahora los tiempos han cambiado tanto que la felicidad se compra, se vende, se alquila, se parcela y se amortiza en cómodos plazos. Porque la felicidad, que antaño aleteaba inaccesible sobre nuestras cabezas, es ahora un pájaro muerto y desplumado, puesto a la venta en cualquier mercado de divisas. No sé si esto es bueno o malo, pero, al menos, la felicidad es ahora socialmente más accesible. Cualquiera puede ser feliz. Cualquiera que pueda pagárselo, claro. Y no como antes, que había que ser un místico, un enajenado, un poetastro platónico y sentimental, un espíritu puro y algo (o bastante) simple intelectualmente para atreverse siquiera a perseguir su rastro con la mirada.
Aquel cuento inocente de que para ser feliz había que ser un descamisado pasó a la historia cuando Felipe González, allá por el año 82 mudó sus camisas de cuadros y sus chaquetas de pana, de socialista en la oposición, por la seda y el oropel del gobernante todopoderoso con mayoría absoluta. Entonces se dio por enterado de que la felicidad no consistía en situarse frente al poder sino en ejercer ese poder. Cosa que han descubierto a continuación Aznar y Rodríguez Zapatero. Porque esto de la felicidad, sobre todo en política, tiene muy poco de aleatorio y más bien se adjudica a dedo, al mejor postor, o al que más mande en los medios de comunicación. Que para mantenerse en el Gobierno más vale un telediario en mano que cien años de honradez volando.
Lo cierto es que la búsqueda de la felicidad ha hecho infelices a muchos (puede que a todos) los buscadores. Ha sucedido lo mismo que con aquellos disparatados alquimistas que pretendían hallar nada menos que el elixir de la vida eterna y la "piedra filosofal", y finalmente se conformaron con inventar esa asignatura tan pesada y fastidiosa que es la química. Ahora, igualmente, nos conformamos con alcanzar la felicidad aparente (o virtual, que queda más tecnológico) que da el llamado Estado de Bienestar: coche, piso, deudas...
Y somos capaces de hipotecar esta vida y, a veces, parte de la otra en nuestro voraz empeño de acrecentar el número de coches, pisos y deudas. Atrapados sin salida en un círculo cerrado de felicidad mercantil regida por las leyes de la oferta y la demanda. Dejando en el camino todos los sueños etéreos e inservibles que no producen dividendos ni acumulan rendimientos anuales. Cuando precisamente, según aquellos poetas antiguos y olvidados, eran esos sueños, vaporosos e intangibles como pájaros azules, los que proporcionaban la única y verdadera felicidad.
Tal vez la disyuntiva que nos pueda encaminar al encuentro con la felicidad consista en saber elegir entre un verso recién salido del alma o un billete recién acuñado. Aunque me temo que en esta era de materialismo reinante, la cosa sea mucho más simple, y, ante la duda, los propios poetas (actuales) sean los primeros en lanzarse a por el billete.

Amado Gómez Ugarte